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Entre sus labios. Micreorrelato

Su boca. La porción inferior del centro de su labio superior. Todo en aquel pequeño trozo deseado me traía desvelada.

Él me hablaba y no sé qué me estaba diciendo.

Él hablaba y yo hacía que le escuchaba.

Decía sí con mi cabeza, y por dentro un intenso deseo de morderle aquel sabroso trozo de carne me sofocaba. ¿Cómo sería el resto? A veces mis preguntas se adelantan a los acontecimientos y de verlo mover su boca, me imaginaba lo que sería besarlo. Cómo sería que me lama suavemente lo que dentro traigo en mí y otras partes de mi cuerpo.

Pero debía esperar, aguantarme porque aún faltaba el postre, que para suerte de mis ansias no tardaría en llegar. ¿Qué protocolo de la espera era este? Decidí no pensar y acariciarle los tobillos con mi pie mientras saboreaba la tarta de fresas laminadas. Cómo podía ser la vida tan sencilla a veces. En ese momento y sin pensarlo mi boca soltó:

– Voy al toilet.

Me miró y respondió:

-Tu primero.

Llegué al lavabo. Un suelo de mármol marrón oscuro me recibió. A mi lado una mesada y en frente de ésta una pared de espejo. A los pocos segundos abre la puerta y entra. No más bloquearla arremete contra mi y yo contra él. Comenzamos a besarnos intensamente y por fin pude testar el sabor de sus labios en los míos y jugar a desnudarnos a medias, mientras él comenzaba a meter una mano entre mis piernas para tocar mi muslo tibio.

En ese instante me derretí en sus dedos de placer. Fue rápido, a mi la humedad no me tarda en brotar.

El hecho de sabernos en un lugar público y encerrados me proporcionaba una excitación fuera de lo habitual.

Mis pantalones por su propio peso cayeron. Él me cogió de la cintura ayudándome a sentarme en la encimera del lavabo, y allí comenzó a besar mi cuello, a beber de mi pubis. Su boca volvió para recorrer la mía y lo abrace con mis piernas para sentir su miembro dentro mio.
Tome su cabeza con mis manos para aferrarlo a mí, mis pezones duros me apretaba,  y yo me dejaba.

El bajó para beberme mientras con sus manos se daba a su placer, en un arte masturbatorio que no cabía en el espacio de tanto ardor mutuo. Que delicia de verlo en su placer y en ese instante de extremo tacto, el orgasmo llegó a mis ojos mientras yo entre en sus labios me consumía.

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