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Los beneficios de dormir desnuda.

Los beneficios de dormir desnuda.

Podría detallaros a modo científico, los beneficios fisiológicos de dormir desnuda, pero no hace falta más que probarlo para sentirlos. Os voy a relatar algunos de dichos beneficios a partir de las sensaciones que esta experiencia me provoca…

Cuando duermo desnuda…

Cuando duermo desnuda mi piel respira. Mi piel no es apresada, y aunque mis pijamas sean solidarios de espacio, no es lo mismo que estar completamente desnuda.

Desnuda mi piel respira, sobre todo en invierno después de haber estado todo el día con ropa. Las sabanas me acarician cuando me muevo, y a veces en un aparente descuido, un hilo de aire fresco se entremete entre lo tibio que es, estar debajo de ellas.

Por las mañanas me levanto descansada, estirada, relajada. Mis ojos parecen haberse distendido. Puede ser que me conecto con mi lado más remoto, mi aspecto bebé, y así el descanso se hace intensamente profundo.

Desnuda las humedades de mi entrepierna se hacen evidentes para mi, se esparcen, se dejan ser. Bajan por mi muslo extremadamente lento y me digo ¡ups! pero ya no tengo vergüenzas. Dormir desnuda es un acto de libertad cotidiano.

Dormir desnuda es como nadar en aguas de algodón blanco. Me inmerso en la poesía y me sumerjo en  intimidades que proveen de un descanso absoluto.

Respiro, y desnuda, puedo oler a lo que sabe mi cuerpo.

Desnuda siento mis cabellos rozar mi espalda. Me pican o me tocan, depende del día.

Desnuda mis pezones vulnerables se prestan, soy más consciente de ellos, me excito y de excitarme me relajo.
Lo sexual es más que un juego, una perversión o un momento entre dos. Lo sexual se vuelve todo aquello con lo cual percibo mi vida y doto de matices cada momento.

Dormir desnuda y sus efectos.

Dormir desnuda me aporta beneficios fisiológicos, que a su vez son; psíquicos, corporales y mentales. Por tanto sexuales y sensuales, en donde los limites entre un carácter y otro, se hacen difusos aquietando mi mente, mi cuerpo, mi respiración.

Desnuda paro de pensar, alejo mi cabeza y retorno a mis órganos.
Dormir desnuda se comporta como un soplo a mis pensamientos, en donde el ruido se aleja y solo queda el sabor, si es el caso, de pasarte la lengua.

Desnuda conecto con mi lado animal. Mi sexo se vuelve más tierno y endeble, erradicando signos de tristezas o nostalgias de sexualidad. Mis sueños son profundos y descanso. Los orgasmos son de piel, de carne, de nervios, de neuronas, de órganos, de ojos, etc. El cóctel químico intrínseco de mi humanidad se esparce por todo mi.

Finalmente y a modo de dato técnico: lo único que cambia entre dormir desnuda en verano o en invierno, es la temperatura y el espesor de las aguas en las que me sumerjo.

Sofía.

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